2018, en esto creo

Me encantan las revistas. Y, pese a la llegada de Instagram e internet en general, creo que siguen teniendo sentido. En Esquire hay una sección que me gusta bastante y se llama «En esto creo», donde a vuelapluma varias personas cuentan cosas que les interesan. Y, como en la oficina somos fans de Esquire,  me apetecía hacer mi versión particular de cosas que me han llamado la atención este año que se termina.

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Apuntes sobre Iberia y gestión de crisis de comunicación

Actualización 1: noticia al respecto en La Nueva España.

Actualización 2: gracias a reclamador.es he conseguido un acuerdo extrajudicial con Iberia para la indemnización de 250€ correspondiente a una cancelación de un vuelo.

Escribo esto desde un asiento de un autobús de Alsa solicitado por Iberia, horas después de haber sufrido la cancelación de un vuelo. Entiendo como pasajero perfectamente que uno pueda tener problemas técnicos y que estas cosas sucedan, pero otra cosa es cómo gestiones esos problemas. E Iberia lo ha hecho de una manera que invita a una reflexión.

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La perspectiva

A veces, la diferencia entre llevar una idea a cabo o fracasar es simplemente una cuestión de persistir o de poner más foco en algo, sabiendo adaptar esa idea a cambios en el contexto y a seguir validándola en el tiempo para ver si tiene sentido. Si con los cambios de tiempo y de contexto sigue teniendo sentido, probablemente funcione.

Hace unos años, cuando Instagram ni siquiera era parte de Facebook, vi en aquella plataforma móvil y visual una oportunidad gigante en medios ganados: una marca podía mostrar lo que sus clientes estaban diciendo de ella, de una manera mucho más gráfica que Twitter y sus habituales tweetwalls (pantallas en eventos donde se mostraba en tiempo real lo que la gente iba diciendo con una #etiqueta concreta).

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2016

En 2016 este blog cumple diez años, aunque empecé en 2004 con un blog personal anterior. También llevo 10 años en Twitter y creo que es buen momento para hacer un poco de memoria.

Han pasado diez años y sigo pensando que un blog alojado en tu propio servidor sigue siendo uno de los mejores proyectos posibles hoy en día en internet. Creo que los pros superan ampliamente a los contras (capacidad de llegar a mayor audiencia como sucede en lugares tipo Medium, etc…).

Un blog/medio en tu propio servidor supone libertad. Y esa libertad supone poder mover tus datos donde quieras a donde quieras, supone poder hacer desarrollos por encima sin estar encajonado a unas funcionalidades que quizá no te encajen a tu proyecto al 100%. A corto plazo puede que la decisión esté igualada, a medio y largo plazo la duda es imposible.

Recuerdo perfectamente que uno de los motivos por los que me contrataron en mi primer empleo, en Internet Advantage, fue porque tenía un blog, había ganado algún premio por ahí, y ellos confiaban en aquel momento bastante en todo lo referente al Marketing de contenidos. Así que tengo bastante que agradecerle al blog.

Tener un blog me ha ayudado a descubrir a gente fantástica y a aprender muchas cosas mediante toda esa gente. Gente que voluntariamente y de manera altruista en muchos casos decide crear contenido acerca de lo que controla o lo que le gusta, como es mi caso. Creo que, diez años después, los motivos para abrir y mantener un blog siguen siendo los mismos.

En 2006 Nacho Escolar ya destacaba con Escolar.net y hoy es director de eldiario.es, uno de los periódicos digitales más leídos en España. También empezaba a destacar la gente de Weblogs SL cuando comenzaban Xataka y algún blog más donde yo llegué a escribir en aquel año; en 2016 ya han sobrepasado 11 millones de usuarios únicos mensuales y están dando pasos para construír algo todavía más grande. Y todos comenzaron con un blog, con la paciencia y constancia suficientes para generar audiencia a medio plazo, creando contenido diferencial y de valor. No hay ningún secreto.

Mi lista de 2016


Me gusta hacer listas a final de año.

Creo que ayudan a echar la vista atrás y a valorar lo que nos ha traído el año en ciertos aspectos. 2016 ha sido un año de muchísimos cambios y donde han surgido cosas fantásticas que me apetece destacar:

Un disco: «Me mata si me necesitas«, de Quique González. Podría haber elegido muchos otros pero creo que es momento de destacar a un artista que estaba en un momento cada vez más dulce y que lo ha rematado con un disco bastante redondo. Ricky Falkner produce su primer largo junto al madrileño y parece que ha tocado la tecla correcta de un disco realmente emotivo. ¿Conseguirá repetir la fórmula Ricky Falkner en 2017 con el nuevo disco de Nudozurdo? Lo tengo desde ya en la quiniela.

Una película: «Que Dios nos perdone«, de Rodrigo Sorogoyen. El tándem que nos trajo Stockholm vuelve a repetir fórmula: historia inquietante con el centro de Madrid como escenario, en el verano de la visita del Papa y la resaca del 15-M.

Un libro: «Cómo dejamos de pagar por la música«, de Stephen Witt. Técnicamente es un libro de 2015 pero en España se editó en 2016. Fue uno de mis libros del verano y creo que es un relato novelado bastante acertado del terremoto que le supuso a la industria musical la llegada de software P2P como Napster.

Un viaje: Colonia, en Alemania, se destapó como una escapada bastante recomendable para un fin de semana (tip: el NH Collection Köln Mediapark está recién reformado, a un paso andando del centro y con tren directo al aeropuerto). Una ciudad que no reniega de sus locales más clásicos pero que también se revela con un ambiente bastante moderno y actual, tanto a nivel de tiendas como de museos de arte contemporáneo y galerías.

Un momento: siempre suelo decir que pocas personas están llevando tan bien su carrera como Noel Gallagher. Su disco «Chasing Yesterday» (2015) tiene momentos a la altura de Oasis, y su concierto hace unos meses en Barcelona fue probablemente el mejor momento del año. En plena resaca de «Supersonic«, quizá 2017 sea el año de la vuelta de Oasis. Quién sabe.

Asientos de ventana y asientos de pasillo

The window seat is for those who retain a sense of adventure about travel. It is for those who, no matter how many times they may have flown, hold on to a sense of wonderment as they hurtle down the runway and watch the ground disappear beneath them; for those who cherish that sense of excitement as they descend, nose against the pane, into the blinking lights of a never-before-visited city; whose hearts leap as they stare out across an ocean and spy a lonely atoll. That, after all, is why five-year-olds insist on sitting there. The aisle seat, in contrast, is for those who value utility. It is the seat in which it is easiest to stretch your legs; to get up and wander to the toilet. It is the position for those who like to grab their bags from the locker and beat the queue off the plane.

Gullit – A plane’s aisle seat is for cynics

Carta a un joven influencer

Hola amigo,

Te escribo porque he visto algo en tu cuenta de Instagram que me ha alarmado un poco y me ha hecho pensar en varias cosas. De la noche a la mañana te has visto con más de 100.000 seguidores gracias a tu buen gusto a la hora de sacar fotografí­as y, sin duda alguna, tu perseverancia.

Pero, lo cierto aún con todo, es que para mí­ no es un fenómeno nuevo. Yo fui de los primeros en tener Twitter en 2006 y viví­ esos procesos, siempre tan cí­clicos, de tránsito de la inocencia en la relación con marcas hacia una relación totalmente mercantil con miles de agencias y representantes por el medio.
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#acción, #archivo y #espera

Me preguntan en Twitter acerca de mi sistema de organización. Viene derivado de leer un poco sobre el GTD, el libro sobre Productividad que escribió Berto en 2009, y también de leer al amigo Maeda y su libro, así­ como bastante prueba y error, como todo.

No sé si el sistema es válido para todo tipo de persona y trabajos, pero sí­ es cierto que a mí­ me lleva sirviendo unos cuantos años, soportando cambios de SO (Windows, Mac), de entorno (Gmail, Outlook, Mail.app, Dropbox…). Para que tenga tanta flexibilidad de adaptación a todos estos entornos partimos de una idea bastante sencilla que se puede aplicar a bastantes cosas.

En qué consiste

La idea clave es que un elemento del sistema solo puede estar en uno de los tres estados:

  • #acción: requiere de acción por mi parte. Cuanto más vací­o menos cosas tengo en mi tejado y viceversa.
  • #archivo: cosas que ni requieren de la acción de otra persona ni mí­a, simplemente permanecen ahí­ archivadas para su consulta periódica.
  • #espera: requiere de la acción de otra persona, por tanto requiere de mi espera. Cuanto más vací­o menos cosas debo esperar.

Obviamente, muchos elementos transitan de un lugar a otro y en muchas ocasiones no pasan a formar parte del #archivo sino que directamente son eliminados. En el #archivo solo se mantiene lo esencial que podrá ser consultado en algún momento del futuro. Además, este sistema puede convivir en muchas ocasiones con otros, como por ejemplo tags y software de email: un tag de un departamento y un tag de estado (#acción, #archivo, #espera).

Dónde lo uso

Empecé a usar este sistema para organizar mi correo electrónico. Me funcionó independiente del sistema: en Gmail tags y en Outlook categorí­as de colores (verde para #acción, rojo para #archivo y ámbar para #espera, igual que un semáforo, con su lógica similar). De esta manera no tengo nada en la bandeja de entrada sino que tengo todo archivado en su carpeta consecuente y solo consulto las cosas que tengo pendientes o por las que estoy esperando.

Por ejemplo, puede ayudarme a revisar semanalmente las cosas por las que estoy esperando (todos los Viernes a última hora, para enviar un recordatorio a quien me siga debiendo algo) o también para priorizar según qué cosas y mantener una cierta agilidad en el flujo. Además, el hecho de tener filtros en el correo electrónico ayuda muchí­simo: todas las newsletters que recibo se marcan automáticamente como leí­das y aparecen directamente en #acción para que las vaya consultando y que así­ dejen solo lo importante en la bandeja de entrada. Minimalismo aplicado al correo electrónico.

Con el tiempo probé a aplicarlo también en carpetas de archivos. La idea partió de la lógica de sincronizar archivos entre mi casa y la oficina, por lo que simplificándolo un poco hice tres carpetas en Dropbox/Tresorit, cada una con su nombre. De esta manera, en mi escritorio solo tengo tres carpetas, que son en realidad accesos directos a esas carpetas en la nube para asegurarme que todo con lo que trabajo está disponible en todos los ordenadores y dispositivos con los que trabajo dí­a a dí­a: