Carta a un joven influencer

Hola amigo,

Te escribo porque he visto algo en tu cuenta de Instagram que me ha alarmado un poco y me ha hecho pensar en varias cosas. De la noche a la mañana te has visto con más de 100.000 seguidores gracias a tu buen gusto a la hora de sacar fotografí­as y, sin duda alguna, tu perseverancia.

Pero, lo cierto aún con todo, es que para mí­ no es un fenómeno nuevo. Yo fui de los primeros en tener Twitter en 2006 y viví­ esos procesos, siempre tan cí­clicos, de tránsito de la inocencia en la relación con marcas hacia una relación totalmente mercantil con miles de agencias y representantes por el medio.
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#acción, #archivo y #espera

Me preguntan en Twitter acerca de mi sistema de organización. Viene derivado de leer un poco sobre el GTD, el libro sobre Productividad que escribió Berto en 2009, y también de leer al amigo Maeda y su libro, así­ como bastante prueba y error, como todo.

No sé si el sistema es válido para todo tipo de persona y trabajos, pero sí­ es cierto que a mí­ me lleva sirviendo unos cuantos años, soportando cambios de SO (Windows, Mac), de entorno (Gmail, Outlook, Mail.app, Dropbox…). Para que tenga tanta flexibilidad de adaptación a todos estos entornos partimos de una idea bastante sencilla que se puede aplicar a bastantes cosas.

En qué consiste

La idea clave es que un elemento del sistema solo puede estar en uno de los tres estados:

  • #acción: requiere de acción por mi parte. Cuanto más vací­o menos cosas tengo en mi tejado y viceversa.
  • #archivo: cosas que ni requieren de la acción de otra persona ni mí­a, simplemente permanecen ahí­ archivadas para su consulta periódica.
  • #espera: requiere de la acción de otra persona, por tanto requiere de mi espera. Cuanto más vací­o menos cosas debo esperar.

Obviamente, muchos elementos transitan de un lugar a otro y en muchas ocasiones no pasan a formar parte del #archivo sino que directamente son eliminados. En el #archivo solo se mantiene lo esencial que podrá ser consultado en algún momento del futuro. Además, este sistema puede convivir en muchas ocasiones con otros, como por ejemplo tags y software de email: un tag de un departamento y un tag de estado (#acción, #archivo, #espera).

Dónde lo uso

Empecé a usar este sistema para organizar mi correo electrónico. Me funcionó independiente del sistema: en Gmail tags y en Outlook categorí­as de colores (verde para #acción, rojo para #archivo y ámbar para #espera, igual que un semáforo, con su lógica similar). De esta manera no tengo nada en la bandeja de entrada sino que tengo todo archivado en su carpeta consecuente y solo consulto las cosas que tengo pendientes o por las que estoy esperando.

Por ejemplo, puede ayudarme a revisar semanalmente las cosas por las que estoy esperando (todos los Viernes a última hora, para enviar un recordatorio a quien me siga debiendo algo) o también para priorizar según qué cosas y mantener una cierta agilidad en el flujo. Además, el hecho de tener filtros en el correo electrónico ayuda muchí­simo: todas las newsletters que recibo se marcan automáticamente como leí­das y aparecen directamente en #acción para que las vaya consultando y que así­ dejen solo lo importante en la bandeja de entrada. Minimalismo aplicado al correo electrónico.

Con el tiempo probé a aplicarlo también en carpetas de archivos. La idea partió de la lógica de sincronizar archivos entre mi casa y la oficina, por lo que simplificándolo un poco hice tres carpetas en Dropbox/Tresorit, cada una con su nombre. De esta manera, en mi escritorio solo tengo tres carpetas, que son en realidad accesos directos a esas carpetas en la nube para asegurarme que todo con lo que trabajo está disponible en todos los ordenadores y dispositivos con los que trabajo dí­a a dí­a:

Hoteles

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Madrid y su luz. Al fín.

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Desde siempre me han fascinado los hoteles. Algo en cierta manera lógico teniendo en cuenta que soy hijo de agentes de viajes y por tanto que ha podido disfrutar de ellos en bastantes ocasiones. Mis padres fueron dos personas a los que un dí­a en los 70 se les ocurrió casarse en pleno mes de Enero e irse de luna de miel al hotel más antiguo de Amsterdam, el Doelen.

https://instagram.com/p/y8rZD3wTfk/

Lo cierto es que los hoteles me gustan por ese punto que siempre tienen como templo profano de la confidencialidad, lo que queda en un hotel se queda en un hotel. En un hotel he buscado desesperadamente algún aliado, he celebrado las victorias más dulces y sin duda allí­ he vivido muchos momentos especiales. Un hotel te permite vivir muchas cosas que no vives normalmente: un spa, un restaurante tres estrellas Michelí­n o algo tan simple como el recuerdo del hotel donde probé por primera vez una Playstation porque la alquilaban a huéspedes. Lo recuerdo como si fuese ayer.

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Just chilling at the pool .. ??

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El otro dí­a leí­a España 3.0 (recomendable, por cierto) y reparaba en lo importante que es el sector turí­stico, 15% ya del PIB español, especialmente en todo lo relacionado con la imagen que podemos aportar de puertas afuera sobre cómo está cambiando España: un paí­s más preparado y más abierto de cara a todos los retos que tenemos por delante. Un sector clave en el que todo lo relacionado con la tecnologí­a y sobre cómo compartimos y ofrecemos las experiencias disponibles es absolutamente clave debido al uso y costumbres de sus huéspedes.

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Wow

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Desde hace algo más de un mes me he incorporado a NH Hotel Group como Head of Social Media, coordinando la presencia en Redes Sociales de una de las 25 hoteleras más grandes del mundo y con presencia en 29 paí­ses. El reto es probablemente uno de los más grandes en mi carrera pero creo que precisamente es la clave de muchas cosas: aceptar los retos que se vayan presentando en la vida e intentar dar lo máximo posible. En ello estamos.

(todas las fotos utilizadas en este artí­culo han sido publicadas en Instagram por huéspedes de hoteles de NH Hotel Group).

El Madrid De

Madrid es una ciudad a menudo horrible para vivir.

Pero también tiene algunas cosas buenas.

Depende a quién preguntes.

Un poco con esa filosofí­a nació El Madrid De, mi nuevo proyecto paralelo (he perdido la cuenta pero yo creo que es el quinto, justo después de Bloguismo). Precisamente, al poco de vender Bloguismo a otra persona que pasó a hacerse cargo al 100% de la gestión del proyecto, volví­ a recuperar las ganas de hacer algo.

Lo cierto es que desde verano de 2012, cuando dejé Bloguismo, han pasado bastantes ideas por mi cabeza. Hubo una idea rondando mi cabeza durante aproximadamente un año y medio, valorada por algunas personas a las que se lo comentaba, pero que requerí­a de foco e inversión que no podí­a conseguir en ese momento. Quizá en el futuro. Y, de repente, surgió la idea de El Madrid De. Más o menos a inicios de la primavera de 2014.

La idea fue tomando forma con las primeras conversaciones: con mi amigo Alberto, con ícaro… hasta que ya poco antes de hablar con Anabel decidí­ sacar el proyecto a la luz. Meses después de la primera conversación. ¿Los motivos de tanto retraso? Principalmente ir probando distintos modelos de negocio posibles y llenar de contenido la web para el lanzamiento.

El Madrid De nació para dar un punto de vista distinto a la ciudad que algunos vivimos. Leo con bastante frecuencia blogs y webs sobre Madrid y creo que falta un punto original, tanto en contenido como en personas: muchos comentan los mismos sitios y los mismos eventos de los que tarde o temprano siempre te acabas enterando. Es algo que comentaba en la entrevista que me hicieron en Yorokobu por El Madrid De. Llegó a estar implementada la función de suscripción de pago a El Madrid De (primero mediante Stripe, luego sobre Tinypass) y finalmente no se quedó, veremos cómo funciona con el tiempo el modelo actual. Hay bastantes ideas a medio y largo plazo que están pendientes de implementar. Ahora solo espero que te guste y te suscribas: El Madrid De.

Hemos olvidado seducir

Tengo un Mercadona en la misma manzana de mi edificio, por lo que es muy difí­cil no hacer la compra en otro lugar. Algo cada vez más frecuente en los últimos meses, cada vez más a menudo, es ver que Mercadona ya no vende algún producto de marca que compraba. Lo último fue mi gel habitual de ducha. ¿Los motivos? Supongo que «no se vende lo suficiente«. Eso sí­: Mercadona se encarga de colocar productos de su marca blanca realmente similares por fuera a lo que comprabas en la zona donde estaba el producto de marca que comprabas. He visto hacer eso mismo con el jabón para fregar, con los refrescos de cola y, ahora, con mi gel de ducha. Obviamente compré otro gel no-marca blanca que aún sobreviví­a.

No pienso apoyar con mi dinero una estrategia basada en la simple imposición e intento sutil de confundir a tus clientes, a los que confí­an en ti para hacer su compra, algo poco baladí­. Creo que pocas cosas están tan frontalmente alineadas con mis valores a la hora de vender un producto. Mercadona dispone de un lugar donde vende productos, pero a su vez es juez y parte porque tiene una marca propia, que yo compro en algunos de sus productos. Pero, en otros muchos productos, prefiero una marca concreta. Porque me gusta más su olor, porque creo que es mejor o por cualquier otro motivo. Tengo un hábito creado y, si Mercadona quiere cambiármelo, debe ser mediante la seducción y no mediante la imposición o el intento de engaño, tal y como hace ahora. Que haga competir a su producto en igualdad de condiciones y sea imparcial. Pero no lo es.

No solo en Mercadona…

Todo esto me hizo pensar y lo cierto es que hemos olvidado seducir, convencer, en el dí­a a dí­a. íšltimamente pongo el ejemplo de Podemos, un partido con el que puedes o no estar de acuerdo pero al que le ves cierto mérito en haber conseguido escalar en tiempo récord hasta las primeras posiciones de las encuestas donde la gente da su opinión sobre los polí­ticos. Un nuevo jugador inesperado en un mercado caracterizado por su poca permeabilidad a nuevos jugadores, así­ es nuestra ley electoral.

¿Cómo han reaccionado los partidos polí­ticos a la llegada de Podemos? ¿Han intentado mejorar su «producto»? En absoluto, más bien al revés: en vez de intentar mejorar su oferta para superarles, competir y dejarlos como algo ocasional, se han centrado (con resultados más bien escasos, parece) en intentar desprestigiarles, sacar algún posible asunto turbio y, en algunos casos, insultarles. Olvidando que al insultarles se está también insultando a todo aquel que ha dicho simpatizar con sus ideas. Lo cual parece poco inteligente teniendo en cuenta que puede ser tu público objetivo.

Es la seducción, estúpido

A veces reconozco que me cansa el low cost. Me saturan a veces las propuestas que no parecen tener otro valor que el hecho en sí­ de ser baratas, olvidando la calidad, olvidando ofrecer un buen producto al consumidor. Por seguro la crisis económica tiene mucho que ver en todo esto, pero tengo a veces la sensación que usamos el hecho de competir por precio como una excusa para no esforzarnos en competir por producto, por calidad. O eres barato o eres bueno. Intentemos hacer algo bueno, ya veremos luego cómo lo adaptamos. Al revés es imposible.

Por qué los millennials no vamos a comprar tu producto

Se define como Generación Y o millennials a la generación de personas nacidas entre el 77 y el 88, aproximadamente: la generación con mayor poder de compra en 2017. La generación en la que me encuentro, pues nací­ en el 87.

íšltimamente tengo la sensación de que leo demasiado sobre mi generación y el cambio que está produciendo en muchas marcas, algo lógico pero a la vez revelador. Aquí­ unos cuantos:

El último artí­culo es sumamente revelador y se nota de manera más o menos clara en sectores como los seguros, los hoteles o los coches. En los últimos 3 meses he probado por primera vez opciones de consumo colaborativo como Airbnb y Blablacar y creo que, especialmente en el segundo caso más que en el primero, es ya un patrón bastante relevante. No obstante, empresas como Daimler (dueña de marcas como Mercedes o Smart) ya lo han visto venir y tienen opciones diversas de movilidad en su cartera como Car2Go, MyTaxi o Carpooling.

Pero, como es de esperar, la polí­tica de Daimler es la de menos común. En una generación que empieza/empezamos a tener un salario y unas opciones -más o menos- viables de consumo, lo normal es encontrarse empresas y productos que no se adaptan a una realidad cambiante. Renovarse o morir.

El sedimento

«Esto es un ámbito donde uno no escribe un principio que tiene vigencia durante doscientos años. Esto no es un ámbito donde uno pinta un cuadro que será admirado por años, o construye una iglesia que será admirada durante siglos. No. Esto es un ámbito donde uno hace su trabajo y en diez años estará obsoleto y probablemente ni siquiera sea usable en veinte. En realidad es como el sedimento de las rocas. Tú estás construyendo una montaña a la que contribuyes con tu pequeña capa de roca sedimentaria para hacer la montaña mucho más grande. Pero nadie en la superficie, a no ser que tenga una visión de rayos X, verá tu sedimento. Aunque la montaña se soporte en esa capa. Solo será apreciada por ese raro geólogo.»

Steve Jobs, en 1994.

Vivimos en un mundo al minuto, donde las audiencias crecen y crecen y los medios mutan, donde la tecnologí­a cambia a la economí­a hasta el punto de que como sociedad ignoramos hacia dónde estamos yendo.

Una parte de las empresas y proyectos que crecen en medio de esta crisis, como el caso de Pepephone o eldiario.es, Infolibre, en menor medida, son empresas que son conscientes de que tienen un crecimiento lento, menor que el de otras empresas, derivado de no buscar riesgo ni un gran beneficio cortoplacista, sino una visión, transversal a todos sus productos, que se va moldeando poco a poco como el trabajo de un artesano.

Hemos roto como sociedad el ví­nculo que existí­a entre calidad y conocimiento: en el momento en el que no existen filtros y cualquiera puede tener sus cinco minutos de gloria en Youtube tenemos más acceso a la información. La cuestión es si es de calidad. Hemos conseguido que decir poco sea lo raro.

Creo que desde el momento en el cual para ganar más dinero tienes que conseguir más impresiones y por tanto publicar con más frecuencia tienes un problema. Porque, de esta manera, lo que estamos creando son máquinas de crear contenido, independientemente de si es de calidad o no: en el momento en el que robots pueden crear noticias automáticamente y con sentido semántico (ejemplo uno, ejemplo dos, ejemplo tres), tu propuesta de valor tiene que ser otra. ¿Cuál? Probablemente poner el foco en la calidad, en los nichos de mercado y en volver a las raí­ces: reportajes elaborados mediante crowdfunding, gente que decide pagar y exigir un reportaje sobre algo concreto. O, por ejemplo, cómo articular tu propuesta de valor en torno al conocimiento cuando hay increí­bles cursos gratuitos en Internet o charlas de auténticos expertos. Y, aún con ello, existirán más y mejores oportunidades. Simplemente serán otras nuevas.

Creo que marcas como ING Direct triunfan hoy en dí­a porque tienen una visión a largo plazo muy clara de quién es su público, lo que le gusta y cómo se lo dan. No tengo ni idea de si ellos son mejores o peores que su competencia, si son más o menos éticos que otros, pero sin duda sé que tienen muy claro lo que quieren y lo que dan a cambio. Y, los resultados ahí­ están, con el mejor ejemplo de «si algo funciona te copiarán» como el caso EVO Banco, que por cierto fue gestionado hasta hace apenas un mes por antiguos responsables de ING Direct en España.

La Bolsa ha hecho mucho daño. No se puede pensar solo en el corto plazo, en el beneficio trimestral porque la Bolsa te obliga, como hacen muchas multinacionales que se están autoengañando y engañando a sus accionistas haciéndoles creer que ganan más de lo que de verdad ganan. La fortaleza de las empresas se demuestra cuando crean productos que servirán para el futuro, para el largo plazo.

Luis Bassat, en una entrevista.

El momento en el que tenemos, a un vistazo, lo que más le interesa ahora mismo a más de 20 millones de españoles nos da una idea del control de la información y su búsqueda que estamos haciendo, con nuestros usos y nuestros hábitos. Nadie nos ha obligado a nada, en absoluto.

«Empezamos a confundir conveniencia con alegrí­a, abundancia con elección». Y no lo digo, yo lo dice Apple, en una de las mejores expresiones de la identidad corporativa de una empresa que he visto nunca:

Todos usamos productos porque nos identifican con los valores que transmiten: en el caso de Apple yo aprecio que valoren el minimalismo y la sencillez en todo lo que hacen, aprecio que dediquen tiempo y esfuerzo a elaborar un producto de calidad aunque éso suponga un alto precio a pagar y aprecio que «digan mil veces no para cada sí­», porque éso es la esencia del enfoque. Y porque aunque Apple vaya a otra velocidad distinta a la del mercado, estoy seguro que seguirán haciendo productos que mantengan esos mismos criterios. En un mundo en el que el 61% del tráfico de internet es de robots, si echas un vistazo al increí­ble tiempo y esfuerzo gastado en prototipos y personas crear un producto como el iPhone te das cuenta de lo importante de tener una visión propia e independiente a largo plazo de qué es lo correcto, de cómo se forma una montaña.

Cuanto más conozco las montañas más aprecio el sedimento, lo cual no implica en absoluto un discurso ludita en contra de la tecnologí­a, sino en un uso razonable de la tecnologí­a, que implica cierta visión a largo plazo y, sobre todo, foco.

Foco en una visión a largo plazo, en una idea pulida y mejorada a lo largo del tiempo para poder conseguir algo de calidad. Foco en tener que decir ‘no’ a muchas cosas (no a opciones cortoplacistas, no a pensar qué pide el mercado sino si es lo mejor que se puede aportar al mercado, no a tener un criterio que marquen otros), para así­ poder decir que sí­ a otras.