Mi lista de 2016


Me gusta hacer listas a final de año.

Creo que ayudan a echar la vista atrás y a valorar lo que nos ha traído el año en ciertos aspectos. 2016 ha sido un año de muchísimos cambios y donde han surgido cosas fantásticas que me apetece destacar:

Un disco: «Me mata si me necesitas«, de Quique González. Podría haber elegido muchos otros pero creo que es momento de destacar a un artista que estaba en un momento cada vez más dulce y que lo ha rematado con un disco bastante redondo. Ricky Falkner produce su primer largo junto al madrileño y parece que ha tocado la tecla correcta de un disco realmente emotivo. ¿Conseguirá repetir la fórmula Ricky Falkner en 2017 con el nuevo disco de Nudozurdo? Lo tengo desde ya en la quiniela.

Una película: «Que Dios nos perdone«, de Rodrigo Sorogoyen. El tándem que nos trajo Stockholm vuelve a repetir fórmula: historia inquietante con el centro de Madrid como escenario, en el verano de la visita del Papa y la resaca del 15-M.

Un libro: «Cómo dejamos de pagar por la música«, de Stephen Witt. Técnicamente es un libro de 2015 pero en España se editó en 2016. Fue uno de mis libros del verano y creo que es un relato novelado bastante acertado del terremoto que le supuso a la industria musical la llegada de software P2P como Napster.

Un viaje: Colonia, en Alemania, se destapó como una escapada bastante recomendable para un fin de semana (tip: el NH Collection Köln Mediapark está recién reformado, a un paso andando del centro y con tren directo al aeropuerto). Una ciudad que no reniega de sus locales más clásicos pero que también se revela con un ambiente bastante moderno y actual, tanto a nivel de tiendas como de museos de arte contemporáneo y galerías.

Un momento: siempre suelo decir que pocas personas están llevando tan bien su carrera como Noel Gallagher. Su disco «Chasing Yesterday» (2015) tiene momentos a la altura de Oasis, y su concierto hace unos meses en Barcelona fue probablemente el mejor momento del año. En plena resaca de «Supersonic«, quizá 2017 sea el año de la vuelta de Oasis. Quién sabe.

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Asientos de ventana y asientos de pasillo

The window seat is for those who retain a sense of adventure about travel. It is for those who, no matter how many times they may have flown, hold on to a sense of wonderment as they hurtle down the runway and watch the ground disappear beneath them; for those who cherish that sense of excitement as they descend, nose against the pane, into the blinking lights of a never-before-visited city; whose hearts leap as they stare out across an ocean and spy a lonely atoll. That, after all, is why five-year-olds insist on sitting there. The aisle seat, in contrast, is for those who value utility. It is the seat in which it is easiest to stretch your legs; to get up and wander to the toilet. It is the position for those who like to grab their bags from the locker and beat the queue off the plane.

Gullit – A plane’s aisle seat is for cynics

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Casa

Se ha escrito mil y una veces sobre el concepto de casa como hogar, que va más allá de tener una casa como espacio fí­sico. Una casa es en realidad cualquier lugar al que sentimos que hemos ‘llegado’, donde nos sentimos cómodos como si de una vuelta a la caverna se tratase.

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Carta a un joven influencer

Hola amigo,

Te escribo porque he visto algo en tu cuenta de Instagram que me ha alarmado un poco y me ha hecho pensar en varias cosas. De la noche a la mañana te has visto con más de 100.000 seguidores gracias a tu buen gusto a la hora de sacar fotografí­as y, sin duda alguna, tu perseverancia.

Pero, lo cierto aún con todo, es que para mí­ no es un fenómeno nuevo. Yo fui de los primeros en tener Twitter en 2006 y viví­ esos procesos, siempre tan cí­clicos, de tránsito de la inocencia en la relación con marcas hacia una relación totalmente mercantil con miles de agencias y representantes por el medio.

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Hoteles

Desde siempre me han fascinado los hoteles. Algo en cierta manera lógico teniendo en cuenta que soy hijo de agentes de viajes y por tanto que ha podido disfrutar de ellos en bastantes ocasiones. Mis padres fueron dos personas a los que un dí­a en los 70 se les ocurrió casarse en pleno mes de Enero e irse de luna de miel al hotel más antiguo de Amsterdam, el Doelen.

https://instagram.com/p/y8rZD3wTfk/

Lo cierto es que los hoteles me gustan por ese punto que siempre tienen como templo profano de la confidencialidad, lo que queda en un hotel se queda en un hotel. En un hotel he buscado desesperadamente algún aliado, he celebrado las victorias más dulces y sin duda allí­ he vivido muchos momentos especiales. Un hotel te permite vivir muchas cosas que no vives normalmente: un spa, un restaurante tres estrellas Michelí­n o algo tan simple como el recuerdo del hotel donde probé por primera vez una Playstation porque la alquilaban a huéspedes. Lo recuerdo como si fuese ayer.

El otro dí­a leí­a España 3.0 (recomendable, por cierto) y reparaba en lo importante que es el sector turí­stico, 15% ya del PIB español, especialmente en todo lo relacionado con la imagen que podemos aportar de puertas afuera sobre cómo está cambiando España: un paí­s más preparado y más abierto de cara a todos los retos que tenemos por delante. Un sector clave en el que todo lo relacionado con la tecnologí­a y sobre cómo compartimos y ofrecemos las experiencias disponibles es absolutamente clave debido al uso y costumbres de sus huéspedes.

Desde hace algo más de un mes me he incorporado a NH Hotel Group como Head of Social Media, coordinando la presencia en Redes Sociales de una de las 25 hoteleras más grandes del mundo y con presencia en 29 paí­ses. El reto es probablemente uno de los más grandes en mi carrera pero creo que precisamente es la clave de muchas cosas: aceptar los retos que se vayan presentando en la vida e intentar dar lo máximo posible. En ello estamos.

(todas las fotos utilizadas en este artí­culo han sido publicadas en Instagram por huéspedes de hoteles de NH Hotel Group).

El Madrid De

Madrid es una ciudad a menudo horrible para vivir.

Pero también tiene algunas cosas buenas.

Depende a quién preguntes.

Un poco con esa filosofí­a nació El Madrid De, mi nuevo proyecto paralelo (he perdido la cuenta pero yo creo que es el quinto, justo después de Bloguismo). Precisamente, al poco de vender Bloguismo a otra persona que pasó a hacerse cargo al 100% de la gestión del proyecto, volví­ a recuperar las ganas de hacer algo.

Lo cierto es que desde verano de 2012, cuando dejé Bloguismo, han pasado bastantes ideas por mi cabeza. Hubo una idea rondando mi cabeza durante aproximadamente un año y medio, valorada por algunas personas a las que se lo comentaba, pero que requerí­a de foco e inversión que no podí­a conseguir en ese momento. Quizá en el futuro. Y, de repente, surgió la idea de El Madrid De. Más o menos a inicios de la primavera de 2014.

La idea fue tomando forma con las primeras conversaciones: con mi amigo Alberto, con ícaro… hasta que ya poco antes de hablar con Anabel decidí­ sacar el proyecto a la luz. Meses después de la primera conversación. ¿Los motivos de tanto retraso? Principalmente ir probando distintos modelos de negocio posibles y llenar de contenido la web para el lanzamiento.

El Madrid De nació para dar un punto de vista distinto a la ciudad que algunos vivimos. Leo con bastante frecuencia blogs y webs sobre Madrid y creo que falta un punto original, tanto en contenido como en personas: muchos comentan los mismos sitios y los mismos eventos de los que tarde o temprano siempre te acabas enterando. Es algo que comentaba en la entrevista que me hicieron en Yorokobu por El Madrid De. Llegó a estar implementada la función de suscripción de pago a El Madrid De (primero mediante Stripe, luego sobre Tinypass) y finalmente no se quedó, veremos cómo funciona con el tiempo el modelo actual. Hay bastantes ideas a medio y largo plazo que están pendientes de implementar. Ahora solo espero que te guste y te suscribas: El Madrid De.

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Hemos olvidado seducir

Tengo un Mercadona en la misma manzana de mi edificio, por lo que es muy difí­cil no hacer la compra en otro lugar. Algo cada vez más frecuente en los últimos meses, cada vez más a menudo, es ver que Mercadona ya no vende algún producto de marca que compraba. Lo último fue mi gel habitual de ducha. ¿Los motivos? Supongo que «no se vende lo suficiente«. Eso sí­: Mercadona se encarga de colocar productos de su marca blanca realmente similares por fuera a lo que comprabas en la zona donde estaba el producto de marca que comprabas. He visto hacer eso mismo con el jabón para fregar, con los refrescos de cola y, ahora, con mi gel de ducha. Obviamente compré otro gel no-marca blanca que aún sobreviví­a.

No pienso apoyar con mi dinero una estrategia basada en la simple imposición e intento sutil de confundir a tus clientes, a los que confí­an en ti para hacer su compra, algo poco baladí­. Creo que pocas cosas están tan frontalmente alineadas con mis valores a la hora de vender un producto. Mercadona dispone de un lugar donde vende productos, pero a su vez es juez y parte porque tiene una marca propia, que yo compro en algunos de sus productos. Pero, en otros muchos productos, prefiero una marca concreta. Porque me gusta más su olor, porque creo que es mejor o por cualquier otro motivo. Tengo un hábito creado y, si Mercadona quiere cambiármelo, debe ser mediante la seducción y no mediante la imposición o el intento de engaño, tal y como hace ahora. Que haga competir a su producto en igualdad de condiciones y sea imparcial. Pero no lo es.

No solo en Mercadona…

Todo esto me hizo pensar y lo cierto es que hemos olvidado seducir, convencer, en el dí­a a dí­a. íšltimamente pongo el ejemplo de Podemos, un partido con el que puedes o no estar de acuerdo pero al que le ves cierto mérito en haber conseguido escalar en tiempo récord hasta las primeras posiciones de las encuestas donde la gente da su opinión sobre los polí­ticos. Un nuevo jugador inesperado en un mercado caracterizado por su poca permeabilidad a nuevos jugadores, así­ es nuestra ley electoral.

¿Cómo han reaccionado los partidos polí­ticos a la llegada de Podemos? ¿Han intentado mejorar su «producto»? En absoluto, más bien al revés: en vez de intentar mejorar su oferta para superarles, competir y dejarlos como algo ocasional, se han centrado (con resultados más bien escasos, parece) en intentar desprestigiarles, sacar algún posible asunto turbio y, en algunos casos, insultarles. Olvidando que al insultarles se está también insultando a todo aquel que ha dicho simpatizar con sus ideas. Lo cual parece poco inteligente teniendo en cuenta que puede ser tu público objetivo.

Es la seducción, estúpido

A veces reconozco que me cansa el low cost. Me saturan a veces las propuestas que no parecen tener otro valor que el hecho en sí­ de ser baratas, olvidando la calidad, olvidando ofrecer un buen producto al consumidor. Por seguro la crisis económica tiene mucho que ver en todo esto, pero tengo a veces la sensación que usamos el hecho de competir por precio como una excusa para no esforzarnos en competir por producto, por calidad. O eres barato o eres bueno. Intentemos hacer algo bueno, ya veremos luego cómo lo adaptamos. Al revés es imposible.

Por qué los millennials no vamos a comprar tu producto

Se define como Generación Y o millennials a la generación de personas nacidas entre el 77 y el 88, aproximadamente: la generación con mayor poder de compra en 2017. La generación en la que me encuentro, pues nací­ en el 87.

íšltimamente tengo la sensación de que leo demasiado sobre mi generación y el cambio que está produciendo en muchas marcas, algo lógico pero a la vez revelador. Aquí­ unos cuantos:

El último artí­culo es sumamente revelador y se nota de manera más o menos clara en sectores como los seguros, los hoteles o los coches. En los últimos 3 meses he probado por primera vez opciones de consumo colaborativo como Airbnb y Blablacar y creo que, especialmente en el segundo caso más que en el primero, es ya un patrón bastante relevante. No obstante, empresas como Daimler (dueña de marcas como Mercedes o Smart) ya lo han visto venir y tienen opciones diversas de movilidad en su cartera como Car2Go, MyTaxi o Carpooling.

Pero, como es de esperar, la polí­tica de Daimler es la de menos común. En una generación que empieza/empezamos a tener un salario y unas opciones -más o menos- viables de consumo, lo normal es encontrarse empresas y productos que no se adaptan a una realidad cambiante. Renovarse o morir.