Si todos son robots, los bailarines de flamenco dominarán el mundo

Llevo unos meses dándole vueltas a un reporte lanzado por Forrester y llamado «The cost of losing creativity«. Va un poco en la línea de lo que yo comentaba en «Estrategia, caos y arte» y que a su vez referenciaba una maravillosa charla en Cannes 2019 llamada «Why Your Strategy Needs More Chaos«. Se viene a resumir en lo siguiente:

Estar más conectados, informados y comunicados como sociedad no ayuda a producir cosas más originales sino más bien al contrario.

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En qué nos ha podido cambiar el coronavirus

(Este artículo forma parte de una serie de reflexiones en el contexto de la crisis del coronavirus. Otros artículos de la serie son «Por qué la comunicación importa más que nunca durante una crisis» o «Por qué la relevancia importa más que nunca durante una crisis»).

Con la poca perspectiva que todavía aún tenemos sí que es cierto que empezamos a ver algo que podría ser la luz al final del túnel: en el caso de NH volvemos el Lunes 8 a las oficinas de Madrid y algunos hoteles empiezan a reabrir. ¿Seremos los mismos? Quizá no, todavía no sabemos en qué intensidad, pero sí vemos algunos cambios, que resumiría en tres: cambios en las prioridades, cambios en la transformación digital y cambios en la búsqueda de la información.

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Nick Cave y la creatividad en tiempos de coronavirus

When we eventually step clear of this moment we will have discovered things about our leaders, our societal systems, our friends, our enemies and most of all, ourselves. We will know something of our resilience, our capacity for forgiveness, and our mutual vulnerability. Perhaps, it is a time to pay attention, to be mindful, to be observant.

Nick Cave en The Red Hand Files.

Por qué la relevancia importa más que nunca durante una crisis

(Este artículo forma parte de una serie de reflexiones en el contexto de la crisis del coronavirus y continúa a «Por qué la comunicación importa más que nunca durante una crisis»).

Una vez todos somos conscientes de dónde estamos, toca pensar cómo salir adelante. Creo que estamos viviendo unos días complicados, donde la sensibilidad de todos está a flor de piel y en los que los que tenemos la suerte de poder seguir comunicando y vendiendo necesitamos tener la mente más fría que nunca a la hora de hablar como marca y posicionarnos en esta crisis. Y por ello quería traer una corta reflexión.

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Por qué la comunicación importa más que nunca durante una crisis

Todos, en mayor o menor medida, vivimos unos días complicados por el impacto del coronavirus en nuestras vidas, mucho ánimo a todos los que tenéis que cuidar a alguien enfermo y toda mi admiración para los que estáis trabajando para que todo siga funcionando, especialmente en lo público. Juraría, a riesgo de equivocarme, que es la primera gran crisis que mi generación vive a la vez a escala global; los que trabajamos en reuniones constantes con América y con Asia nos damos cuenta especialmente estos días: el «take care» ha sustituido como despedida al «have a nice day» .

En esta crisis, como en cualquier otra, es esencial la comunicación especialmente desde la dirección (de una empresa, de un gobierno) hacia sus empleados o ciudadanos. Necesitamos liderazgo y necesitamos comunicación, algo importante pero que en estos momentos no da lugar a dudas.

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2009-2019

En 2019 he cumplido diez años trabajando a jornada completa, o al menos eso dice la Seguridad Social. Durante esos diez años a través de varios sitios (Internet Advantage – Telepizza.es – ZED – The Cocktail – Shackleton – NH Hotel Group) principalmente hice una cosa: ayudar a distintas empresas a cumplir algunos de sus objetivos de negocio a través de nuevas plataformas, las redes sociales.

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Dos puntos de vista

En las últimas semanas estoy bastante atento a Hotel Jorge Juan, un podcast a tener en cuenta producido por Vanity Fair, presentado por Javier Aznar y patrocinado por la ginebra Seagram’s. Recientemente han charlado con David Jiménez, ex director de El Mundo y autor de «El Director», el libro editado por Libros del KO en el que cuenta su experiencia en las trastiendas del poder desde el punto de vista de responsable de uno de los periódicos más leídos del país.

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Irse en lo más alto

Todo aquel que me conoce un poco sabe que si hay gente a la que admiro es casi siempre gente que se ha sabido ir a tiempo de las cosas, que se ha sabido ir en lo más alto. Siempre es lo más difícil.

El año pasado Dani García ganó su tercera estrella Michelin y pasó algo poco habitual:

Lo que desconocía hasta hoy es la historia detrás de todo esto. La cuenta Pau Arenós este fin de semana en El Periódico y estoy fascinado con que otro tipo al que admiro mucho, Toni Segarra, haya formado parte de todo esto:

Además del trastorno y la sorpresa de los empleados, en la grabación hay un momento aún más dramático cuando Dani lee un ‘whatsapp’ de su madre, Isabel Reinaldo, que me muestra en su teléfono: «Tú no piensas qué van a pensar de ti. El ridículo que vas a hacer (…). Me das mucha pena. Tirar todo por la borda de esa manera». Un minuto después, a las 23 horas y 34 segundos, Isabel remató con un segundo mensaje: «Lo siento por ti pero a mí me has desilusionado (…). Me gustaría saber quién te está engañando».
(…)
Más motivaciones para ‘desestrellarse’: «El cliente quiere ver al cocinero. Y yo no voy a estar porque quiero hacer otras cosas». Este viernes, por ejemplo, había decidido no acudir al pase del triestrellado para estar con sus hijas, Aurora y Laura, y se ilusiona con esa cotidianidad, consciente de las cientos de cenas familiares en las que fue un fantasma. «Ya no me divierto en mi restaurante. No me divierto creando platos nuevos».

Cómo Dani García diseñó con publicistas el cierre de su 3 estrellas

Chapeau.