Aclaración: en el momento de publicar este artículo soy el responsable de redes sociales en NH Hotel Group. Es obvio pero nunca está de más recordar que todas las opiniones y análisis expresados en este blog solo me representan a mí.

Me gusta disfrutar del tiempo libre de las vacaciones principalmente para poner pensamientos e ideas en orden y, a su vez, empaparme de nuevas ideas y maneras de ver el mundo. Sobre lo primero he sacado algo de tiempo para reflexionar acerca de una tendencia que va a más y de la cual creo no tengo una opinión absoluta formada: lo instagrameable.

El contexto

Cuando hablo sobre redes sociales siempre marco dos hitos bastante importantes: una etapa aproximadamente entre 2003 y 2005 donde empiezan a nacer tecnologías como RSS o Ajax que permiten una internet más interactiva y en tiempo real, y otra etapa más diferenciada que arranca en 2007 con el primer iPhone. En este gráfico se aprecia de manera obvia:

Esta etapa favoreció en gran medida nuevos servicios móviles basados en comunidades como What’s App o Instagram. Cualquiera que conozca Instagram sabe que es una red principalmente móvil y visual:
Statistic: Number of monthly active Instagram users from January 2013 to June 2018 (in millions) | Statista


Los hábitos y las herramientas

Cuando tengo que hablar sobre tecnología a alguien que no sé a ciencia cierta si sabe mucho o poco siempre suelo decir que nuestros hábitos son los mismos de siempre, solo que tenemos mejores herramientas. Por ejemplo siempre hemos querido sacarnos fotos a nosotros mismos con gente:

Un entrañable selfie a inicios del siglo XX.

¿Qué ha cambiado? Que ahora tenemos mejores herramientas. Siempre hemos querido tener respuestas a nuestras preguntas, saciar nuestra curiosidad, conocer gente, saber llegar a los sitios, dar envidia de algo, compartir un sitio interesante…tan solo que ahora tenemos mejores herramientas para ello gracias al avance de la tecnología.

Hace 20 años si descubríamos un restaurante nuevo como mucho se lo comentábamos a alguien en un SMS o si no esperábamos a tomar un café; hace 10 años quizá lo guardásemos en TripAdvisor o en 11870; hoy en día le hacemos una foto y lo subimos a Instagram, un lugar que como he dicho antes, se rige por dos características principales: es móvil y es visual.


El impacto de Instagram es nuestros hábitos

Seamos realistas, todos hemos hecho esperar a alguien en alguna ocasión para empezar a cenar porque queríamos hacerle una foto al plato. Todos hemos pensado en alguna ocasión “voy a sacar el móvil para guardar este momento tan precioso en Instagram” (nuestros followers casi nunca nos han dado la razón). Por cierto, me puedes seguir en Instagram en @juanmilleiro, aunque estoy muy lejos de ser una estrella.

Y es aquí donde entra en juego todo lo comentado antes: debido al crecimiento exponencial del mercado de smartphones y, por tanto, de redes como Instagram, cualquier impacto visual se verá amplificado en escalas mucho mayores de lo habitual. ¿Y qué implica esto? Principalmente que uno de esos restaurantes bautizados por mi amigo Miguel Herrero como “de tataki de atún, hamburguesa premium y salmorejo” probablemente invierta mucho más en la decoración y comunicación que en su carta y equipo de cocina. Y por tanto un restaurante deja la alimentación a un segundo plano, sustituído por el objetivo de ver y ser visto. ¿Tiene un interiorista capacidad de influencia acerca de lo mucho o poco que se habla de un sitio? Hoy en día, absolutamente.


Los grados de sutileza en la instagrameabilidad

Teniendo en cuenta todo este contexto es altamente tentador dejarse llevar por el artificio y los artefactos visuales a la hora de trazar una experiencia, sobre todo en la hostelería. ¿Es lo efectivo a corto plazo? Posiblemente. ¿Es lo correcto? Quién sabe, a menudo creo depende de en qué liga quieres jugar, si en la del corto plazo o la del largo (sería maravilloso de hecho ver la evolución de la vida media de nuevos restaurantes en Madrid). Una de mis obsesiones en los últimos meses ha sido buscar y entender cómo ciertos sitios intentan ganarse el visto bueno de todos aquellos que comparten su vida de manera visual.

Hace un par de meses en Londres no pude evitar ir a comer a Dirty Bones, una cadena de restaurantes que ofrecen kits para Instagram; se lo pides a un camarero y aparece al poco con un pequeño trípode, un flash led, un palo selfie y una batería externa. Literalmente.

No muy lejos de uno de los locales de Dirty Bones, en pleno SoHo y muy cerca de Carnaby, está Bob Bob Ricard, un restaurante abierto en 2008 con una decoración bastante ecléctica a medio camino entre lo ruso y lo inglés y que destaca por encima de todo por tener un botón en cada mesa de “press for champagne” que funciona y que, obviamente, revienta Instagram:


Conclusión

A través de este artículo he intentado explicar el impacto de Instagram hoy en día sin intentar expresar demasiado mi opinión al respecto, que creo de hecho no está formada del todo. Hay distintos artículos por internet que resumen y amplían bastante bien todo lo que estoy comentando. Algunos de los mejores:

Me encantaría recibir tu opinión en este hilo de Twitter. ¿Te animas a formar parte de la conversación?