En las últimas semanas estoy bastante atento a Hotel Jorge Juan, un podcast a tener en cuenta producido por Vanity Fair, presentado por Javier Aznar y patrocinado por la ginebra Seagram’s. Recientemente han charlado con David Jiménez, ex director de El Mundo y autor de «El Director», el libro editado por Libros del KO en el que cuenta su experiencia en las trastiendas del poder desde el punto de vista de responsable de uno de los periódicos más leídos del país.

El libro me ha hecho pensar un rato acerca del punto de vista que de la tecnología tienen muchos medios de comunicación, ignorando al principio algo que ha terminado por ser tan necesario para su día a día como los camiones que hacían el reparto de sus ejemplares en papel:

La empresa seguía sin invertir en la tecnología que necesitábamos y nadie se fiaba del Sistema, el nombre con el que se conocía el misterioso ente informático que nos hacía funcionar, mitificado por sus poderes caprichosos y su capacidad para joder los cierres. La web, en sus inicios ejemplo de innovación en todo el mundo, se caía al menos una vez al mes, en apagones que podían alargarse durante horas. (…)

En nuestra primera reunión le había pedido a La Argentina una newsletter del director, con la que pensaba enviar por correo una selección de nuestras mejores historias a los lectores que se suscribieran al servicio. La petición se convertiría en el símbolo de la desidia de la empresa y de nuestro retraso tecnológico, porque no había manera de sacarla adelante. Nuestro sistema de envíos era tan arcaico que el servidor se colapsaba si mandábamos un correo a más de 6.000 lectores.

David Jiménez – El Director

Estas citas me traían a mi mente el punto de vista que un tecnólogo tiene del periodismo: concretamente el de Scott Galloway, emprendedor en serie y profesor de universidad en Estados Unidos, que tuvo la oportunidad de estar en el consejo de administración del New York Times entre 2008 y 2010. En su más que recomendado libro «The Four» reflexiona sobre el inmenso poder que Amazon, Google, Facebook y Apple tienen sobre nuestras vidas, ejemplificado en su experiencia, entre otros, con el New York Times:

Meanwhile, I was pushing at board meetings for the company to shut off Google’s access to Times content. (…) Google not only was crawling our content for free, it also was slicing and dicing that content for this users. When people were looking for a hotel in Paris, for example, Google would link to a New York Times travel article on Paris. But at the top of that page it would place Google’s own ad for the Four Seasons Hotel. The argument was that this arrangement brought traffic to the Times. It could sell these eyeballs to advertisers, who would buy banner ads. It sounded good, but it was whistling through the graveyard.

Here’s the rub: as it was handling those searches, Google was learning -better than the Times itself- exactly what the paper’s readers wanted and were likely to want in the future. And that meant Google could target those Times readers with far greater precision and make more money from each ad. As much as ten times more. That meant we were exchanging dollars for dimes. (…) Yet, instead of making that content scarce -shutting off and suing any digital platform that repurposed our content- we decided that we should try to drive more traffic by prostituting our content…everywhere. This was the equivalent of Hermès deciding to distribute Birkin bags through walmart.com so hermes.com could get more traffic. We committed one of the great missteps in modern business history.

Scott Galloway – The Four.