Todo aquel que me conoce un poco sabe que si hay gente a la que admiro es casi siempre gente que se ha sabido ir a tiempo de las cosas, que se ha sabido ir en lo más alto. Siempre es lo más difícil.

El año pasado Dani García ganó su tercera estrella Michelin y pasó algo poco habitual:

Lo que desconocía hasta hoy es la historia detrás de todo esto. La cuenta Pau Arenós este fin de semana en El Periódico y estoy fascinado con que otro tipo al que admiro mucho, Toni Segarra, haya formado parte de todo esto:

Además del trastorno y la sorpresa de los empleados, en la grabación hay un momento aún más dramático cuando Dani lee un ‘whatsapp’ de su madre, Isabel Reinaldo, que me muestra en su teléfono: «Tú no piensas qué van a pensar de ti. El ridículo que vas a hacer (…). Me das mucha pena. Tirar todo por la borda de esa manera». Un minuto después, a las 23 horas y 34 segundos, Isabel remató con un segundo mensaje: «Lo siento por ti pero a mí me has desilusionado (…). Me gustaría saber quién te está engañando».
(…)
Más motivaciones para ‘desestrellarse’: «El cliente quiere ver al cocinero. Y yo no voy a estar porque quiero hacer otras cosas». Este viernes, por ejemplo, había decidido no acudir al pase del triestrellado para estar con sus hijas, Aurora y Laura, y se ilusiona con esa cotidianidad, consciente de las cientos de cenas familiares en las que fue un fantasma. «Ya no me divierto en mi restaurante. No me divierto creando platos nuevos».

Cómo Dani García diseñó con publicistas el cierre de su 3 estrellas

Chapeau.