En los últimos meses le estoy dando muchas vueltas a la idea del contexto: cómo a veces cambia nuestra manera de pensar sobre algo dependiendo de la información que tengamos al respecto. Y, obviamente también, a cómo nos afecta a nuestro día a día el hecho de no tener contexto sobre las cosas. La primera de estas reflexiones va sobre cómo afecta el contexto a nuestro consumo de medios.

La reflexión

Todo empezó con una reflexión interna sobre mi manera de informarme a diario y la sempiterna dieta de información: ¿dónde me informo a diario de lo que pasa en el mundo? ¿tiene algún impacto la manera en la que me informo en otras cosas en mi vida?. Todos hemos entrado en el frenesí que da el formato digital, moviéndonos sin darnos cuenta a dar voz a rumores o notificias falsas, amplificando esa falta de rigor y de confianza desde nuestra experiencia. Esta reflexión sobre el valor de la información y el contexto que puede tener coincidió con este artículo del NY Times: For Two Months, I Got My News From Print Newspapers. Here’s What I Learned.

Mi experimento

Así que, sin dudarlo, arranqué: desactivé todas las notificaciones de noticias de última hora y centré mucho en el tiempo mi consumo de noticias. Me suscribí a El País en Kiosko y Más para mantener una lectura diaria del periódico como principal fuente de noticias y además descubrí que Monocle, además de hacer una excelente revista, producen un notable programa diario de 30 minutos llamado The Briefing en el que analizan tres o cuatro importantes noticias globales en el mundo. Creo que la edición impresa de El País y The Briefing tienen varias cosas en común, principalmente dos:

  • Duración predeterminada: ambos tienen un inicio y un final. Tras el consumo del producto uno se puede considerar informado de lo importante del día y no siente necesidad de seguir informándose.
  • Foco en análisis y calidad: al no depender, aparentemente, del volumen de visitas para vender publicidad, el espacio para la opinión y el desarrollo de contenido de calidad y con cierta visión crece.

En medio de esa reflexión estaba cuando me encontré una entrevista muy interesante a Craig Mod:

When you sit down with a book, you understand the parameters of engagement. You know how long the book is. The book isn’t changing as you read it. It’s a solid, immutable thing. You and the book are on equal terms in many ways, as least from a physics point of view. You know what’s going to happen, and the book abides by its implicit contract, which is to be a book.

However, in digital-land many spaces (apps, games) quickly turn into slithering creatures beneath your feet. You never know where you stand. Their worlds are optimized to pull you back in for one more minute, one more click. Over and over. Cascades of chemical reactions in your noggin’ tell you to keep going, just one more hit; I feel this persona of the addict very strongly when I am online or using certain apps or devices.

Y, por si fuera poco, descubrí un maravilloso podcast llamado Hurry slowly en el cual entrevistaron a David Sax, autor del libro “Revenge of the analog” donde reflexiona sobre el éxito en los últimos años de productos analógicos como las libretas Moleskine o los discos de vinilo y el contexto que aportan a la experiencia de consumo. Bajo su punto de vista en la entrevista todo se reduce a un contraste ante una generación que siempre ha tenido el mundo digital a su alcance; por eso estos fenómenos tienen un target de edad muy concreto.

Aprendizajes para productos digitales

Sin duda alguna, si algo he aprendido, es la necesidad de aportar contexto en el desarrollo de productos digitales, sin caer en el esqueumorfismo más superficial sino yendo hacia el fondo de la cuestión. El hecho de sentirse más informado leyendo una edición impresa en una tableta que leyendo su versión online va más allá del formato en sí sino del contexto que aporta un producto cerrado con un foco notorio en la información y en aportar contexto a lo que sucede en el mundo.

Furilo intentó en 2009 algo así con Las cinco del día pero creo que es algo corto en volumen y poco desarrollado en comparación con un periódico impreso o un programa diario de media hora. Por ahora la principal innovación al respecto del contexto en medios son las apps y newsletters:

  • Eldiario.es intenta hacer algo así con una newsletter todas las noches con varias noticias en adelanto para socios pero que no tiene un especial filtro o foco en lo que supone más o menos actualidad o personalización según los gustos del socio en cuestión.
  • El País está testando La primera, una newsletter diaria con una selección de noticias interesantes.
  • The Economist empezó en 2014 The Economist Espresso como una app para smartphones con una suscripción propia de 3€ al mes y foco en menos de diez noticias importantes del día. Aportando contexto.
  • Monocle tiene una newsletter diaria llamada The Monocle Minute donde cuenta cuatro o cinco noticias importantes bajo su enfoque.
  • Quartz tiene también un Daily Brief en forma de newsletter donde destacan también las noticias más importantes del día.

Todos decimos que cada vez tenemos menos tiempo para informarnos pero eso no va aparejado de una innovación de formatos, al menos en España. ¿Por qué una radio no puede hacer un formato de programa corto 100% consumible en su app o web con un análisis diario? ¿Por qué un periódico en su versión online no puede hacer una versión para socios con un contenido liberado en el diseño de las exigencias de los formatos publicitarios? Hasta el momento hemos demostrado saber llevar el formato offline a Internet, pero nos hemos dejado atrás en el cambio lo más importante: el contexto.