Por lo pronto, el cierre de las bolsas más importantes del mundo es inminente. Esto nos da la oportunidad de montar nuestra propia Bolsa y dar ejemplo de control de la economía que no se sabe si sube o si baja. Para ello estamos perfectamente preparados. Tenemos hasta el sitio para montar nuestro propio parqué: el recinto de la Semana Verde de Silleda, que don Manuel inauguró hace años ignorando cuál era su auténtico destino. Habrá que ponerle parqué, eso sí, que no se sabe porqué eso de la madera en el suelo les gusta a los inversores y los agentes de bolsa. Y, claro, las baldosas de Silleda no cuelan. Pero esto es un problema secundario y si trasladamos a las brigadas de obras del AVE y Monte Gaiás a la vez, tenemos eso solucionado en un periquete. Lo importante es organizar esto a todo filispín. Necesitamos un índice de bolsa propio, que dejaría enanos al Dow Jones y al Ibex 35 (o 36 o el que sea): el AVPQV 09 (A Vaquiña Polo Que Vale 2009) tiene que demostrar que no necesita de inyecciones de dinero cada vez que la cuestión se tambalee. Con organizar una buena churrascada gratuita dejamos descansar al AVPQV 09 un par de días y volvemos con fuerzas renovadas. Los valores a cotizar tienen que ser grandes abanderados de esa economía sumergida que nos caracteriza para dar solidez a las transacciones. El bar Manolo, la señora Amelia vendiendo los huevos de sus gallinas y los productores caseros de orujo, que ahora están fuera de la ley, pasarían a ser respetables propietarios de compañías que cotizan en bolsa. La fuerza moral de la Nueva Economía Sumergida es innegable. Especularemos con lo que tenemos y los inversores internacionales se darán de codazos para meter su dinero en nuestros valores tradicionales. La apertura de las sesiones se puede hacer a los acordes del Himno del Antiguo Reino de Galicia que es muy solemne. Que siga la crisis, que nosotros nos vamos a forrar.

Más en este gran artículo de Julián Hernández en El País. Grande, una vez más.